lunes, 2 de abril de 2012

DESTINATARIOS.

La colonia judía de Filipos era, sin duda muy escasa, pues no tenía sinagoga; se reunía para sus oraciones fuera de la ciudad, a la orilla del río (Hch 16,13). A pesar de la conversación de Lidia y de su familia (ibid., 13-15), la casi totalidad de la comunidad debía de ser de origen pagano.

En la iglesia de Filipos existían algunos cargos, "episcopoi" y "diákonoi" (encargados y auxiliares, 1,1), términos que no tenían el sentido técnico posterior de obispos y diáconos, y que nunca aparecen en las otras cartas dirigidas a comunidades. Es difícil precisar cuál fuera su función. Sin embargo, como la carta se propone dar las gracias efusivamente por el subsidio que envían los filipenses (4,10-20), parece natural mencionar a los que se encargaban de la administració. Estos dos cargos serían equivalentes al "encargado" (proistámenos) y al que "reparte la asistencia" (eleón) de Rom 12,8, que también se encuentran en contexto administrativo (precedidos por "el que contribuye").

La carta se distingue de otras, como Gál o Rom, por el hecho de que en ella no desarrolla Pablo argumentaciones para probar que los paganos tienen derecho a los bienes mesiánicos ni, paralelamente, propone una teología por la que demuestre que los paganos se integran en la descendencia de Abrahán (Gál 3,6-14; 5,21-31) o están injertados en el tronco del pueblo escogido (Rom 11,17-24). Esto significa, sin duda, que la fe de la comunidad de Filipos no estaba amenazada por misioneros judeocreyentes, que pretendían mezclar el mensaje cristiano con las tradiciones judías. Lo que parece haber existido en Filipos, en cambio, era un agresivo proselitismo judíio, y a él van dirigidos los violentos ataques de Pablo (3,2-6.17-19). Su postura y lenguaje, sin ninguna concesión a los privilegios de Israel (3,2.18s), hacen pensar en la época final de la vida de Pablo, después de su llegada a Roma (61 d.C), donde, según la narración de los Hechos, abandona definitivamente los restos de su nacionalismo judío (Hch 28,17-31).

Esto se confirma porque no aparece en Flp ninguna condenación en bloque contra el paganismo (cf. Rom 1,18ss), al estilo de la polémica judía. Por el contrario, Pablo se muestra abierto hacia los valores humanos que existen en la cultura pagana (4,8). Flp podría ser así el último escrito auténtico de Pablo. Muestra plena confianza en los filipenses (1,3-7; 2,12; 4,1), aunque algunos parecían impresionados por la propaganda (3,2.15.17). No existía, sin embargo, ninguna frialdad entre los filipenses y Pablo (1,7.26; 4,1.10).

A pesar de todo, la situación interna de la comunidad no era todo lo buena que cabía desear. Existía división, causada por las infulas y el egoísmo de algunos (2,1-4), había protestas y discusiones (2,14), diferencias de opinión (3,15) y una querella manifiesta entre dos mujeres eminentes por su dedicación (4,2). Esto, sin embargo, no había sido un obstáculo a la actividad de los filipenses en propagar el evangelio (1,5), a pesar de las dificultades (1,29), ni a su decidida solidaridad con Pablo (1,7).

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